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Hispania · Año 711

La caída del reino visigodo

Cómo la desunión abrió las puertas de Hispania durante ocho siglos

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A comienzos del siglo VIII, el reino visigodo de Toledo era la potencia más importante del occidente cristiano. Dominaba casi toda la península ibérica y parte del sur de la Galia, tenía leyes escritas, concilios, ciudades y una Iglesia organizada. Nada hacía pensar que en apenas siete años desaparecería. Y sin embargo, cayó. No porque el enemigo fuera invencible, sino porque los suyos ya estaban divididos antes de que llegara.

IUna lucha por el poder

La corona visigoda no se heredaba: se elegía entre los nobles. Ese sistema, pensado para dar estabilidad, convirtió cada sucesión en una disputa. A lo largo de dos siglos, varios reyes murieron asesinados o fueron depuestos por sus propios nobles, y las facciones aprendieron a mirarse más como rivales que como hermanos.

Hacia el año 710 murió el rey Witiza. Una parte de la nobleza proclamó rey a Rodrigo, duque de la Bética. Otra parte, fiel a la familia de Witiza, no lo reconoció. Las monedas de la época muestran que, al mismo tiempo, un rey llamado Agila gobernaba en el noreste. El reino tenía, en los hechos, dos cabezas. Y una casa con dos cabezas no se defiende: se disputa.

Mapa de la península ibérica bajo el reino visigodo, hacia el año 700
Antes. Las provincias del reino visigodo en el siglo VII. Mapa: Medievalista (adaptación al español: Rowanwindwhistler), CC BY-SA 4.0, vía Wikimedia Commons

IILa invasión musulmana

Mientras tanto, del otro lado del estrecho, el califato omeya había llegado al Atlántico. Su gobernador en el norte de África, Musa ibn Nusayr, conocía bien la situación del reino vecino. Según las crónicas, los propios partidarios de Witiza buscaron su apoyo contra Rodrigo.

La tradición agrega un nombre más: el del conde don Julián, gobernador de Ceuta, que según la leyenda facilitó los barcos y el paso del estrecho por una afrenta personal del rey. Sea historia o sea leyenda, la memoria de los propios hispanos eligió contar así su caída: la puerta no la forzaron desde afuera, la abrieron desde adentro.

En la primavera del año 711, un ejército de unos siete mil hombres, en su mayoría bereberes, cruzó el estrecho al mando de Tariq ibn Ziyad. Desembarcó junto al peñón que todavía lleva su nombre: Yabal Tariq, el monte de Tariq, Gibraltar. Rodrigo estaba en el norte, combatiendo a los vascones. Tuvo que bajar a toda prisa a enfrentar una amenaza que nadie había querido ver.

IIILa derrota de Rodrigo

En julio de 711, los dos ejércitos se encontraron junto al río Guadalete, cerca de la actual Cádiz. Rodrigo tenía más hombres. Pero no tenía un ejército unido.

Según la tradición, las alas del ejército estaban al mando de nobles de la facción de Witiza. En pleno combate, se retiraron y dejaron solo a su rey. La crónica más antigua que se conserva, escrita por un cristiano pocas décadas después, lo cuenta sin rodeos:

«Huyó todo el ejército de los godos que había venido con él con engaño y por rivalidad, por ambición del reino.»

Crónica mozárabe de 754

Rodrigo murió en la batalla o desapareció; su cuerpo nunca fue hallado. Con él cayó la última autoridad capaz de reunir al reino. Los nobles que lo abandonaron creyeron que, tras su muerte, el trono quedaría para ellos. No quedó para nadie.

IVLa conquista de la península

Lo que siguió fue un derrumbe. Tariq avanzó hacia Toledo, la capital, y la encontró casi sin defensa. En 712 cruzó el propio Musa con un segundo ejército y tomó Sevilla y Mérida. Ciudad tras ciudad, la pregunta de los nobles ya no era cómo resistir, sino cómo conservar lo propio.

El caso más conocido es el de Teodomiro, señor de la región de Murcia. En abril de 713 firmó un pacto con los conquistadores: conservó su territorio, sus ciudades y su religión a cambio de someterse y pagar un tributo anual en dinero, trigo, cebada, aceite y miel. El texto del pacto se conserva hasta hoy. Muchos otros siguieron el mismo camino. Cada uno negoció por separado. Ninguno se unió a los demás.

Hacia el año 718, casi toda la península estaba en manos musulmanas. Solo en las montañas de Asturias un noble llamado Pelayo logró reunir a un pequeño grupo y resistir. De esa resistencia nacería, siglos más tarde, la Reconquista.

Mapa de la península ibérica tras la conquista musulmana, con al-Ándalus y el reino de Asturias
Después. La península hacia el año 750: al-Ándalus y el reino de Asturias. Mapa: Crates, CC BY-SA 4.0, vía Wikimedia Commons

V¿Por qué cayó tan rápido?

Los conquistadores eran pocos: unos pocos miles de hombres frente a un reino de millones de habitantes. No ganaron por número ni por estar mejor organizados. Ganaron porque del otro lado no había un pueblo, sino facciones. Cada noble defendió su parte y nadie defendió el todo.

El contraste con Asturias lo confirma. Allí no había riquezas ni grandes ejércitos, solo montañas y un puñado de hombres que decidieron pelear juntos. En 722, en Covadonga, vencieron a una expedición enviada para someterlos. Lo que no había logrado todo un reino dividido lo logró un grupo pequeño, pero unido.

La principal causa de la caída fue la desunión del reino cristiano y sus luchas internas. Por olvidarse de sus hermanos, los visigodos entregaron Hispania. Recuperarla les llevó 800 años: desde Covadonga hasta Granada, generación tras generación, para reconstruir lo que la discordia había perdido en una sola tarde junto al Guadalete.

Los de afuera no necesitaron ser más fuertes.
Les bastó con que los de adentro estuvieran divididos.

Fuentes

  • Crónica mozárabe de 754. Anónimo, escrita en la Hispania ya conquistada.
  • Crónica de Alfonso III. Reino de Asturias, finales del siglo IX.
  • Ajbar Machmuâ. Crónica árabe anónima, siglos X–XI.
  • Pacto de Teodomiro (713), conservado por el geógrafo andalusí al-Udri, siglo XI.
  • Roger Collins, La conquista árabe, 710-797. Barcelona: Crítica, 1991.
  • Luis A. García Moreno, Historia de España visigoda. Madrid: Cátedra, 1989.

Algunos episodios, como la traición en Guadalete, nos llegan por la tradición y las crónicas posteriores; los historiadores todavía discuten sus detalles.

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