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Constantinopla · Año 1453

La caída del Imperio bizantino

Cómo un imperio de mil años se debilitó por dentro hasta quedar solo

Lectura de 7 minutos

Durante mil años, Constantinopla fue la ciudad más rica y mejor defendida del mundo cristiano. Heredera de Roma, guardiana de la fe y de las letras antiguas, resistió persas, árabes, búlgaros y rusos. Sus murallas parecían eternas. Pero cuando el último asedio llegó, en la primavera de 1453, el imperio que la rodeaba ya no existía: se había ido desarmando, pieza por pieza, desde adentro.

IDebilitamiento interno

El primer gran golpe no vino de los turcos, sino de otros cristianos. En 1204, los cruzados de la Cuarta Cruzada, que debían marchar hacia Tierra Santa, se desviaron hacia Constantinopla, la saquearon y repartieron el imperio entre ellos. Los bizantinos recuperaron la ciudad en 1261, pero nunca volvieron a ser lo que eran.

Lo que quedaba, lo gastaron peleando entre sí. Entre 1321 y 1328, un abuelo y su nieto, ambos emperadores, se disputaron el trono. Entre 1341 y 1347 estalló otra guerra civil, todavía peor: la regencia del joven Juan V contra el poderoso Juan Cantacuceno. Para ganarla, Cantacuceno llamó en su ayuda a soldados turcos. Ganó la guerra y perdió el imperio: en 1354 los otomanos se quedaron con Galípoli, su primer pie firme en Europa. Nunca más se irían.

Mapa del Imperio bizantino en su época de esplendor
Antes. El imperio a la muerte de Basilio II, en 1025. Mapa: Nécropotame, Cplakidas y Kelzad, CC BY-SA 2.5, vía Wikimedia Commons

IIPresión externa

Mientras Bizancio se desgastaba, los otomanos crecían. Eran un pequeño principado en Anatolia y en menos de un siglo se convirtieron en una potencia. Tomaron Adrianópolis y la hicieron su capital, vencieron a los serbios en Kosovo en 1389 y aplastaron a una cruzada europea en Nicópolis en 1396.

En 1444, una última cruzada de húngaros y polacos intentó frenarlos. En Varna, junto al mar Negro, el ejército cristiano fue destrozado y su joven rey murió en el campo. Fue el último gran intento de Europa por salvar a Bizancio. Después de Varna, nadie volvió a marchar en su ayuda.

Hacia 1450, el Imperio bizantino era poco más que una ciudad. Constantinopla, rodeada por tierra y por mar, y unos pocos territorios lejanos en Grecia. En 1452, el joven sultán Mehmed II levantó una fortaleza sobre el Bósforo, a pocos kilómetros de las murallas, para cortar la llegada de barcos. Sus contemporáneos la llamaron Boğazkesen: la que corta la garganta.

IIIAislamiento

Bizancio pidió ayuda a Occidente, pero la cristiandad también estaba partida. Desde el cisma de 1054, Roma y Constantinopla vivían separadas por la desconfianza. En 1439, en el Concilio de Florencia, el emperador aceptó la unión de las dos Iglesias a cambio de auxilio militar. En la ciudad, buena parte del clero y del pueblo la rechazó. Cuando en diciembre de 1452 la unión se proclamó en Santa Sofía, muchos dejaron de entrar al templo. Un cronista de la época atribuye al gran duque Lucas Notaras una frase que resume aquel clima:

«Más vale ver en medio de la ciudad el turbante de los turcos que la mitra latina.»

Ducas, Historia bizantina

La ayuda que llegó fue mínima. Venecia y Génova, rivales entre sí, dudaron hasta el final. El genovés Giovanni Giustiniani llegó con setecientos hombres por su cuenta. La flota veneciana que debía socorrer la ciudad zarpó tarde. Hasta el cañonero húngaro Orbán, que primero ofreció sus servicios al emperador, terminó fundiendo para el sultán los cañones que derribarían las murallas, porque Bizancio no tenía con qué pagarle.

IVLa caída de Constantinopla

El 6 de abril de 1453 comenzó el asedio. Mehmed II reunió un ejército de entre sesenta y ochenta mil hombres. Dentro de la ciudad, el emperador Constantino XI contó a sus defensores: menos de siete mil, para catorce millas de murallas. El secretario imperial guardó en secreto la cifra para no quebrar el ánimo.

Durante siete semanas, los cañones golpearon día y noche, y cada noche los defensores reparaban lo que se había derrumbado. Cuando una cadena les cerró el puerto, los otomanos arrastraron sus barcos por tierra, sobre una colina, hasta el Cuerno de Oro. La noche del 28 de mayo, griegos y latinos, unionistas y antiunionistas, rezaron juntos en Santa Sofía por primera vez en años. La unión llegó, pero llegó tarde. El 29 de mayo, antes del amanecer, llegó el asalto final. Giustiniani cayó herido y fue retirado; sus hombres lo siguieron y la defensa se quebró. Constantino XI se quitó las insignias imperiales y se lanzó al combate. Su cuerpo nunca fue identificado. Esa misma tarde, el sultán entró en Santa Sofía y ordenó convertirla en mezquita.

Mapa del Imperio bizantino reducido, rodeado por el Imperio otomano, hacia 1450
Después. En 1450, lo que quedaba del imperio (en violeta), rodeado por los otomanos. Mapa: MapMaster y Rowanwindwhistler, CC BY-SA 4.0, vía Wikimedia Commons

V¿Por qué cayó un imperio de mil años?

Constantinopla no cayó en un día. Cayó en ciento cincuenta años de guerras civiles, de facciones que preferían llamar al extranjero antes que ceder ante su propio hermano, de cristianos que se negaron a socorrer a otros cristianos por viejos rencores. Cuando el sultán llegó a las murallas, no encontró un imperio: encontró una ciudad sola.

Los otomanos fueron hábiles, disciplinados y pacientes. Pero su mayor aliado fue la división de sus enemigos. Cada guerra civil les abrió una puerta, cada desconfianza les ahorró una batalla. Bizancio se debilitó por dentro, y por eso no pudo resistir el avance de afuera.

Las murallas resistieron mil años.
Lo que no resistió fue la unión de quienes debían defenderlas.

Fuentes

  • Jorge Esfrantzes, Crónica. Secretario de Constantino XI, testigo del asedio.
  • Ducas, Historia bizantina. Siglo XV.
  • Nicolò Barbaro, Diario del asedio de Constantinopla. Médico veneciano presente en la ciudad.
  • Steven Runciman, La caída de Constantinopla, 1453. Madrid: Espasa-Calpe.
  • Roger Crowley, 1453: La guerra santa por Constantinopla. Madrid: Ático de los Libros.
  • Judith Herrin, Bizancio: El imperio que hizo posible la Europa moderna. Barcelona: Debate.

Algunas cifras y frases, como la atribuida a Notaras, nos llegan a través de cronistas de la época; los historiadores todavía discuten sus detalles.

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